Zoom: "La comunidad en el Museo II"

Por Johanna Di Marco
Editado por: Josefina Pasman



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Advertencia 2: Si un museo incluye la voz de la comunidad en sus programas, la comunidad se apropiará de sus espacios, de sus sonidos, de sus aromas, del museo íntegro. 
El disco “Querencia Serrana” es una de los muchos resultados del programa Museo y Escuelas Rurales: Un Ida y Vuelta. El proyecto que fue premiado en tercer lugar, en el II Premio Iberoamericano de educación y museos, conforma un claro ejemplo de cómo un museo puede salir de sus muros y dar el lugar prioritario en sus acciones a la comunidad que lo aloja y da sentido. 
Consiste en una serie de talleres realizados en las escuelas rurales de Paravachasca y Calamuchita, que no tienen fácil acceso al museo por la distancia y motivos presupuestarios. Como brevemente se narró en el artículo anterior, el equipo educativo del Museo Estancia Jesuítica de Alta Gracia y Casa del Virrey Liniers, compuesto por Olga Bartolomé, Romina Osuna y Mariano Giosa buscaron con estos talleres recuperar la voz de los integrantes de las comunidades, su identidad, su producción cultural, y valorar el patrimonio integral de las serranías cordobesas. 

En el Taller de orquesta “Hilvanando generaciones”, no sólo se produjo el disco, sino que a través de coplas, relatos y canciones con clases de aprendizaje de instrumentos, se logró recuperar la vida cotidiana del lugar, su forma de ver el mundo, de sentirlo y expresarlo.
Los Talleres de carpintería y Telar buscan complementar las técnicas utilizadas por los jesuitas con los saberes y costumbres centenarios de la comunidad serrana. Además, entre tallados y tejidos se abordan problemáticas como la re-forestación, el uso consciente de la madera, la urbanización y la defensa de la identidad cultural de la región . Ambos talleres funcionan al día de hoy de forma estable en las escuelas rurales.
El Taller de cocina recupera recetas con historias de las comunidades de San Clemente y Paso de la Pampa. Trabajo que fue posible gracias a la biblioteca que el museo creó junto a las comunidades con el propósito de documentar prácticas a partir de la historia oral y también facilitar el acceso a la literatura regional y universal. Este espacio fue sentido por los lugareños como necesario para tener "un lugar donde la cultura se junte", "poder ofrecer al turista algo cultural, que tenga que ver con lo propio”.

Debo reconocer que el Taller de problemática socio ambiental, es mi preferido. Inundados por el aroma del té con hierbas envueltas en bolsitas de tul hechas a mano, los chicos de las escuelas documentaron la flora y la fauna autóctona, creando un diccionario con ilustraciones y definiciones propias. El material favoreció a difundir el problema ambiental de la zona, ocasionado por los emprendimientos madereros, la invasión de flora exótica y el consiguiente cambio en los modos de vida del lugar.

El Taller de Recuperación del Fortín Atahualpa Yupanqui, nació como resistencia a perder un espacio público, una escuela que se ubica dentro de un campo privado. Entre risas y lágrimas de emoción, se reeditó el fortín de la escuela creado en los ‘90, con anécdotas y bailes guiados por la maestra rural y los alumnos, muchos de ellos ya recibidos.

A pesar de los obstáculos presupuestarios que casi nunca favorecen a subsanar las necesidades inmediatas y acortar las distancias, el Museo Estancia Jesuítica de Alta Gracia y Casa del Virrey Liniers nos ejemplifica cómo convertirse en un entorno en que las personas se vean representadas y salgan del anonimato construyendo ellos mismos su representación. El ida y vuelta se plantea y acuerda constantemente, cada vez que un integrante de la comunidad se apropia de los espacios del museo y resignifica el patrimonio cultural con sus aportes y vivencias; y por otro lado, cuando  el museo visibiliza las problemáticas y habilita la voz de la comunidad en sus propuestas. Un proceso de apropiación recíproca, que todo museo debería imitar. 

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