ZOOM: Jornadas de Accesibilidad en Museos - Parte I

Crónicas de una inexperta en la materia

Por Johanna Di Marco
Edición: Josefina Pasman


Luego de casi un año planificando encuentros de capacitación para el personal de museos, la tarea se vuelve mecánica: inscripciones, gestión de pasajes y viáticos para los participantes, invitación a oradores especialistas, selección del servicio catering e imprenta, redacción de materiales, diseño de cronograma y actividades… etc. Todo decanta de forma fluida a partir de un tema seleccionado. Si la temática del encuentro coincide con los intereses del equipo que lo organiza, la tarea se vuelve dinámica y creativa. Si no, se presenta el desafío de comprometerse con la actividad y encontrarle sentido.
Atravesé ese desafío cuando Eva Llamazares propuso realizar unas jornadas de capacitación bajo el título “Accesibilidad en Museos”, en el marco del Plan de Formación y Redes que lleva a cabo la Dirección Nacional de Museos, del Ministerio de Cultura de la Nación Argentina. Más que desafío, lo viví como un obstáculo infranqueable. Mi primera reacción estuvo guiada por el desconocimiento: “yo no sé nada de esa temática”, le dije a Eva. La tarea consistía en convocar, atraer y motivar al personal de los museos a comprometerse con el tema, no sólo comprendido como rampas y ascensores que deben tener los espacios públicos, sino también a la accesibilidad conceptual, al derecho de todas las personas en su heterogeneidad de acceder al patrimonio cultural. Pero yo sentía que pisaba terreno desconocido, por la inseguridad de decir o hacer algo que pudiera ofender a alguien. El “no querer ofender por no saber” se volvió mi obstáculo a superar.
Ese sentimiento me resultaba familiar, lo había vivido hace siete años cuando el doctor me dijo que estaba embarazada. ¿Embarazada? ¡Pero yo no sé ser madre! ¿Cómo voy a criar un niño cuando no tengo capacidad ni conocimientos al respecto? ¿Mi conocimiento teórico del profesorado me sirve para ser madre?
Más allá de la felicidad que la noticia me supuso, esas preguntas se repetían constantemente en mi atribulada cabeza sin control. El temor de hacer algo mal por no saber. Temor que fui superando desde el primer encuentro, cuando sostuve por primera vez a mi hijo. Temor que se fue desvaneciendo a través de la convivencia con él, y cuando fui entendiendo que ambos éramos primerizos en la relación y los dos sujetos a cometer errores. Pero la voluntad de relacionarnos resultó en un conocimiento co-construido entre ambos, que es la base que utilizo hasta el día de hoy ante nuevos encuentros con otras personas: mis alumnos, mis sobrinos y finalmente mi segundo hijo.
Los próximos artículos intentarán ser una crónica sobre mi aproximación y vinculación con la temática Accesibilidad en Museos. Voy a titularlos con estos tres conceptos: Primer encuentro / Convivencia / Conocimiento co-construido. Ojalá que aquel que los lea, tome el recorrido narrado como impulso para transitarlo por su cuenta, superar el temor de hacer algo mal por no saber.


Primer encuentro


“Toda acción genera una reacción…“ 3° ley de Isaac Newton, 1687.
Ya expliqué cuál fue mi primera reacción cuando me convocaron a participar en la producción de las jornadas. Tuve que tomar una decisión, asumir el reto o bajarme del proyecto. Esa toma de posición es una acción en sí, y por ende genera una reacción de dimensiones inusitadas.
Cuando tuvimos que redactar invitación a los participantes para inscribirse, comenzamos a cuestionarnos: ¿A qué nos referimos con la palabra accesibilidad? ¿Cómo mencionamos a las personas con discapacidad? ¿Cómo se autodenominan? ¿No videntes, ciegos o personas ciegas? ¿Qué términos podemos utilizar y cuáles no? ¿La accesibilidad a las propuestas de los espacios públicos sólo contempla la inclusión de personas con discapacidad? ¿Incluimos en el temario el acceso de personas mayores? ¿Qué otros grupos de personas encuentran impedimentos para acceder al museo y los mensajes del mismo?
De a poco fuimos tomando dimensión de la temática, desentramando los preconceptos que teníamos, tejiendo palabras y frases que nos empujaron a ampliar la mirada. Cuando el texto de la invitación quedó listo, nos dimos cuenta que ninguno de nosotros iba a salir igual de esa experiencia. En ella se mencionaba: “la accesibilidad está relacionada con los conceptos que la sociedad construye sobre la diversidad de colectivos de personas que la conforman y en base a estas construcciones concibe el diseño urbano, la arquitectura, las oportunidades de estudio, de trabajo y desarrollo autónomo de todos los individuos como sujetos de derecho. Este encuentro tiene como objetivo que los museos puedan incorporar los recursos y las estrategias necesarias para garantizar el acceso a sus patrimonios, proyectando incluir la mayor diversidad de visitantes.”
Así como la acción de decidir provocó una reacción en mí y en el equipo, cada persona que trabaja en un museo debe tomar la decisión de habilitar, o no, el encuentro con los diferentes colectivos de personas. Visibilizar quiénes participan de esa inclusión.  Tomar las medidas necesarias para garantizar el acceso a los que no están incluidos. En resumen, el primer encuentro surge de una toma de decisión. Les anticipo que dicha acción, tiene su reacción… y ésta es sorprendente.

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