ZOOM: Jornadas de Accesibilidad en Museos - Parte II

Por Johanna Di Marco
Edición: Josefina Pasman

Convivencia

El día era tibio y no corría viento. Salimos muy temprano y pronto llegamos al río. El agua del arroyo corría muy despacio y cerca de él había un gorrión y una gaviota, que cuando nos vieron llegar, salieron a volar. Las orillas del arroyo estaban llenas de flores perfumadas y algunas, por el olor, me hacían recordar a mi abuelita.”
(Texto escrito por un chico de trece años)

El 17 y 18 de noviembre del 2016, luego de meses de organización ordenada y muchas corridas desordenadas, treinta personas que trabajan en museos pudieron destejer preconceptos y entramar nuevas definiciones en torno a un paradigma más amplio e integral de la accesibilidad en museos. Las sedes fueron el Museo de la Universidad Nacional de Tucumán y el Centro Cultural de la Universidad de Tucumán “Eugenio Flavio Virla”.
Entre charlas y presentaciones pude conocer a María Fernanda Juarez, de la Facultad de Arquitectura y representante del Foro Permanente hacia un Bicentenario con Inclusión Social. Y puedo decir que la convivencia con ella, una persona ciega, hizo que todos los conocimientos que consideraba adquiridos dejaran de ser palabras en un libro y adquirieran un nuevo sentido. Con esto no desmerezco la formación teórica sobre Accesibilidad en Museos. Sino que todo ese conocimiento conceptual resulta ser un buen marco teórico, pero los planes de accesibilidad que se encaren en cada museo deberán surgir de la convivencia con los colectivos de personas que serán beneficiarios. Con y para cada uno de ellos.
Fue gracias a María Fernanda que me vi impulsada a reconstruir mis ideas de accesibilidad e inclusión de la diversidad social. Ella tomó nota de todos los discursos mientras su acompañante le susurraba al oído los textos de las presentaciones de diapositivas y videos, que muchas veces funcionan como fondo decorativo. Le narraba quiénes se sentaban en el panel, y las imágenes que se proyectaban. En un momento, la acompañante tuvo que pasar al frente a contar una experiencia particular y me pidió que me sentara junto a Fernanda para seguir traduciendo el entorno. Debo confesar que fue lo más difícil que hice en mucho tiempo.
Las personas videntes damos tantas cosas por supuesto que al intentar ponerlo en palabras, las ideas se amontonan resultando incomprensibles antes de verbalizarlas en voz alta. Fernanda me dio dos breves consejos: “Cada vez que una persona habla no hace falta que me digas quién es, con que me lo digas al comienzo ya está. Yo después reconozco la voz. Cada voz para mí ya es una persona y la puedo identificar. Tranquila, no necesito saber todo lo que vos ves, yo construyo el espacio de manera diferente a la tuya” me dijo. Me relajé, respiré profundo, y volví a empezar: “la foto de la pantalla muestra cómo las chicas del museo graban el video de audio-guías en lenguas de señas, están sentadas en el piso, con cara de mucho agotamiento después de todo un día grabando pero sonrientes…”  y así seguí, y seguí.
Ver cómo María Fernanda percibía cada detalle, asentía cuando escuchaba algún sonido del video que aportaba a la explicación, me hizo dar cuenta de cuán incompleta es la manera que las personas videntes construimos el entorno. Escuchando a Alcira Jesiotr de CreandoRED, sobre los voluntarios mayores en los Museos Nacionales, Fernanda me hizo entender que incorporar textos en braille para las personas ciegas es un buen recurso pero no puede ser el único porque muchas perdieron la visión de grandes y no conocen ese código de lecto-escritura. En resumen, con sólo sentarme junto a ella cuarenta minutos, fui acumulando estrategias para repensar los materiales destinados a personas ciegas en los museos.
Otro ejemplo de convivencia significativa fue junto a Fabiana Torrente, de la Asociación Tucumana de Sordos, junto a su intérprete Silvina Monteros. Ella explicó que incorporar videos con subtitulado o presentar largos textos en las exhibiciones de museos y suponer que con ello la comunidad sorda estará incluida en la propuesta, es erróneo. Porque el español es la segunda lengua de las personas sordas. Implica un esfuerzo de traducción constante. Su primera lengua es la de Señas Argentina-Español, por eso la importancia de incorporar a los videos de audio guías el cuadro con la intérprete.
La convivencia con cada grupo nos habilita a construir nuevas maneras de accesibilidad al patrimonio cultural, en función de las verdaderas necesidades que presenta cada uno. Nos empuja a ampliar la mirada para allanar los obstáculos y poder incluir a la mayor cantidad de público posible. Se puede pensar una propuesta para cada uno, en primera instancia, hasta poder alcanzar el ideal de concebir un diseño universal desde un inicio. Así, no sólo van a poder acceder personas con discapacidad, sino también se verán convocado los niños y las personas mayores.

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